sábado, 25 de marzo de 2017

Pollo

Llego del trabajo a ver a mis adorados hijos y encuentro algo curioso: los dos acostados boca abajo en una cama, con unas compresas calientes en las espaldas, supuestamente ese calor es bueno, música relajante en la habitación y masajes con aceites aromáticos. Su mamá les estaba masajeando.
- Oh, ¡qué tal relajo! -les digo-, ¿cómo te sientes, Vale?
- Bien, papá, pero no me distraigas, tengo que relajarme.
- Ah ya, ¿y tú, Julito, cómo te sientes, hijo?
- Yo me siento como un pollo cocinándose en una olla.
Plop.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Inicio de una aventura

Ayer leía yo "Cantos de vida y esperanza" de Rubén Darío, y cuando Vale se acercó le recité algunos versos. Se quedó a mi lado. Llegamos a la "Letanía de nuestro señor Don Quijote", que le gustó mucho.

- Vale, ¿sabes quién es el Quijote?
- Sí, papá, es un caballero que se peleó con los molinos de viento.
- Ah, pero no sólo es eso. También es un idealista que nos lleva a un viaje por España y nos enseña costumbres, gentes, cosas interesantes.
- Mmmm.
- ¡Y fue escrita hace 410 años! ¿Te imaginas? Y hasta ahora da risa.
- ¿410 años? asuu....
- Yo conozco el inicio de memoria: "En un lugar de la Mancha..."
- ¿Lo leíste?
- Sí, mi amor, dos veces. Y justo la tengo acá...

Valentina se acomodó mejor a mi lado. Cerré el libro de Darío y abrí el de Cervantes en el lector.

- Está en castellano antiguo, si no entiendes algo, me dices y lo buscamos, ¿de acuerdo?
- De acuerdo.
- "En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor..."

Leímos los primeros tres capítulos: la pérdida del juicio del hidalgo, su primera salida y la aventura en la venta donde se armó caballero. Quise resumirlo al principio, pero Vale se negó en redondo: quiere leerlo todo, con las explicaciones y aclaraciones del caso, se entiende, que para eso estoy.

Hace tiempo no nos reíamos con un libro. A mi hija le encantó la historia y reía de muy buena gana con los disparates de don Quijote, con su celada de cartón, con su torpe manera de comer sin quitarse el yelmo, con la lluvia de piedras en la pila de la venta. Todo le pareció gracioso y bonito.

Siempre he querido que mi hija llegue a edad para leer los clásicos, y ayer llegó ese día. Le voy a leer y enseñar el Quijote, tal como le enseñé a querer los libros desde que era apenas una bebé. Y luego a Don Juan, a los Mosqueteros, al Conde de Montecristo, a Jean Valjean.., hay tantos.

 - Papá, no sabía que era tan gracioso -me dijo cuando puse fin a la lectura.
- Y lo mejor está por llegar, hija, ya vas a ver.

Sí, hija mía, ya vas a ver.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Mujer

A Valentina le ha dado, a sus nueve años, por andar con el pelo suelto. Pero en la escuela no se lo permiten, así que a la salida se quita el lazo, o aquello que le sujeta el cabello.

Hace dos días, cuando lo hizo por primera vez, ocurrió este diálogo:

- Hijita, no te quites el colette...
- Me gusta el pelo suelto.
- Pero hija, una niña tiene que estar con el cabello atado.
- Tú lo has dicho, papá, una niña. Pero yo no soy una niña: soy una mujer.

¡Plop!

miércoles, 8 de abril de 2015

Temporada de exámenes


Mis adorados hijos están en los primeros exámenes del año. Valentina me cuenta:

- Papá, en todos mis exámenes me saqué veinte.
- Qué bueno hija, me alegro por eso -y le doy un beso en la mejilla-.
- Papá -nos interrumpe Julito-, yo en todos mis exámenes me saqué cero.
- Oh, estoy seguro que lo harás mejor en los demás exámenes, hijo, ven dame un abrazo.
- Pensando bien -dice Valentina de nuevo-, no en todos los exámenes me saqué veinte, en uno me saqué dieciocho.
- Igual es gran logro, hija linda.
- Papá, yo tampoco me saqué cero en todos los exámenes -dice Julito-.
- Qué bueno hijo, sabía que no todo era malo.
- Sí, en uno la profesora me puso signo de interrogación.


domingo, 29 de marzo de 2015

Una sorpresa: ¡Julito ya escribe!

(La fecha de este post es 29 de agosto. Lo tengo en borrador desde entonces y recién lo publico)

El frío limeño hace estragos en la salud de mis hijos, sobre todo en la de Valentina, y este fin de semana largo hicimos una visita corta a la unidad de urgencias de un hospital: Vale tenía principios de neumonía. Así, fuimos obligados a estar en la casa.

Vale decidió 'armar' una casita en su habitación: una mesa pequeña cubierta con la cortina por un lado y con una sábana por otro. Adentro estaba ella con dos cojines, un libro y una linterna. Mejor dicho, adentro estábamos ella y yo con dos cojines, dos libros y una linterna. Allí leíamos. Sin embargo, pronto Julito también quiso entrar a la casita, pero no venía solo, sino con un dinosaurio de plástico que además de rugir, movía la linterna y no dejaba leer. Valentina resolvió desalojarlo, Julito se negó: acabó en pelea. Yo apoyaba a Vale, jeje, pero mis obligaciones de papá me imponían una solución negociada:

- Hijita -le dije al oído-, espérame un rato, voy a llevar a Julito a otro lado.
- Julito -le hablé al oído-, vamos a dibujar un dinosaurio más grande.

Y así conseguí sacar a Julio de la casita. El problema es que no pude volver tan pronto porque el pequeñuelo decidió que yo tenía que estar mirando todo el proceso de dibujo del dinosaurio. Vale seguía leyendo con la linterna y yo, fingiendo mirar el dibujo, también  seguía leyendo mi libro (el tomo II de las Tradiciones Peruanas, para más señas). De repente veo el cuaderno de mi hijo y en una hoja en blanco decía "Julito". No presté atención, Valentina escribe todo el tiempo el nombre de su hermano, pero inmediatamente el niño comenzó a escribir "MAMA". Me quedé de piedra. Llamé a Eve alarmado, vino corriendo, "qué pasa". Le hago shhh con el dedo y le señalo a Julito. Ahora escribía PAPA. Eve quedó lela. Salgo disparado a buscar algo con qué filmar esto. Cuando comencé ya había escrito ABU y finalmente, TITA. Luego pasó a otra hoja, eso ya está en el video:



JULITO
MAM
PAPA
ABU
TITA



Tarea


El último domingo Valentina estaba haciendo los deberes escolares. Eran casi las siete de la noche. Al final, la última tarea del libro era la siguiente: lee la biografía de un científico y pega su foto.

Le alcancé un pequeño libro de biografías que yo leía repetidamente cuando niño, que me gusta mucho, y le dije que Albert Einstein fue un gran científico. Se interesó en él y se puso a leer.

Mientras tanto, yo buscaba en láminas una foto de Einstein que pudiéramos pegar en el libro de tareas. En esas estaba cuando Valentina terminó de leer y escribir su resumen.

- Papá, pero no tengo una foto para pegar, y acá dice "pega una foto".
- Lo siento, hija. Creo que deberás dibujarlo.
- Pero dice "pegar", no "dibujar".
- Es domingo en la noche, hija, ¿dónde voy a conseguir una foto de Einstein?
- Es verdad. Lo dibujaré.

Y buscamos en la internet una imagen de modelo:




Cinco minutos después la tarea estaba lista:




Al día siguiente le pregunté qué le dijo la profesora.

- ¡Muy bien, Valentina!



jueves, 12 de febrero de 2015

Santa y Plaza Vea

Algunas veces Julito me sorprende con sus ocurrencias. Esta es la última, ocurrida la semana pasada:

- Papá -me pregunta-, ¿Santa trae los juguetes en Navidad?
- Sí, hijito, él los trae -le contesto, algo extrañado de que pregunte eso en febrero-.
- Pero hay algo que no entiendo...
- A ver...
- Cuando me fui a dormir no había regalos y cuando desperté ahí estaban. Quiere decir que Santa vino de noche y los puso ahí.
- Correcto.
- ¡Pero el papel de regalo decía "Plaza Vea"! ¿Santa los compró en Plaza Vea?
¡Plop!

jueves, 21 de agosto de 2014

La primera llamada telefónica


Hace dos minutos, mientras estaba jugando con mis adorados hijos, sonó el teléfono (es decir, el de la casa, no un móvil) y yo acudí a contestar:

- ¿Aló?
- Buenas noches -me saluda una voz femenina-, quisiera saber si está Valentina -sorpresa mayúscula para mí, que llamen preguntando por mi hija-.
- ¿Y quién es usted, por favor?
- Soy la mamá de Claudia, una compañera de clases.
- Ah, qué gusto -le miento-, ¿le puedo ayudar en algo?
- Quisiera hablar con Valentina.

Dudando llamé a Valentina, pero me quedé cerca de ella, por si acaso. Vale saludó a la señora, se notó en seguida que la conoce. Pidió que la esperaran un ratito, corrió por su cuaderno, lo abrió en la tarea y le dijo una palabra. Luego se despidió, colgó y se fue.

Y yo como un ganso esperando que me cuente la novedad. Como no me contaba, fui y le pregunté.

- Es que Claudia no escribió bien una palabra, y su mamá me preguntó qué palabra era.
- ¿Y qué palabra era?
- "Perplejo"

Así quedé. Entonces tuve ese sentimiento que me ha asaltado varias veces, la sensación de que mi hija en este momento preciso ha crecido un poco más, de que imperceptiblemente se me ha alejado un poco más, como ha estado haciendo desde que nació. Uno nota que los hijos crecen cuando de repente hacen con naturalidad algo que no hacían antes. Como recibir una llamada telefónica.

lunes, 7 de julio de 2014

Valentina ladina, y Julito inocente


Si será ladina Valentina. Y para demostrarlo, vaya este diálogo entre Julito y Evelyn, que escuché por casualidad:

- ¿Qué estas comiendo hijito?
- Una mandarina jugosa.
- ¿Jugosa?
- Sí, y Vale está comiendo una mandarina sin jugo.
- ¿Y cómo sabes que la mandarina de Vale no tiene jugo?
- Ella me dijo. Me dio la mandarina chiquita pero jugosa y ella se quedó con la grande sin jugo.

Sólo nos quedó reírnos del cuento de Valentina para quedarse con la mandarina más grande. Y de lo crédulo que es su hermano.

domingo, 6 de julio de 2014

Esto es vida


Eso mismo dijo Julito cuando encontró la hamaca, en un día de piscina:


jueves, 20 de febrero de 2014

¿Ya van solos?


Hoy, cuando llamé a Eve y le pedí hablar con Julito y Vale, me dijo: "no puedes hablar con ellos..., porque han salido." 

Eran las ocho de la noche.

- ¿Han salido?
- Sí, fueron con mi mamá a la casa de Ethel.

Y se me ocurrió comentar que hace poquito nomás ni bajaban de la cama sin que les viéramos, y ahora ya salen solos. Bueno, solos es un decir, que están con su Tita y sus tíos, pero sin nosotros.

Me ha dado no sé qué. Imagino que es así como debe ser.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Gallinas


Hoy me ha causado gracia una conversación telefónica con Julito:

- Hijito, tus gallinas ya están grandes.
- ¿Como un árbol?
- No, las gallinas no se ponen como un árbol, ya están adultas.
- ¿Como dinosaurios?
- No, no tan grandes.
- ¿De tu tamaño?
- Quiero decir que ya están adultas, ya no son pollitos.
- ¿Ya son gallos?
- Sí hijito, ya son gallos.

domingo, 28 de octubre de 2012

El campeonato al que no fui


Hace un buen tiempo que Julito y Valentina están entrenando para el campeonato de su escuela. Llevan semanas entrenando, una el voley, el otro el fútbol. El campeonato es con equipos de uniforme, técnico, barra oficial y todo; hace dos días Julito recibió sus zapatos de fútbol porque hasta eso pedía el entrenador. Y yo no estaba.

Hoy domingo ha sido, digamos, la primera fecha, que no lo tengo claro, porque Eve sólo me ha contado que mis adorados hijos han jugado dos partidos, con rotunda victoria todos, y con un gol de Julito. Y yo no estaba.

"Tu camiseta te está esperando", me dijo Eve. Es que el papá también iba uniformado en el paseo inaugural alrededor de la cancha, acompañando al párvulo jugador. Pero Eve tiene ingenio para estos casos, y viendo que Julito se daba cuenta que él no podría pasear con papá hizo que se ubicara en la banderola que presidía el equipo. Así se le pasó a mi hijito la preocupación porque yo no estaba. Luego vinieron los partidos, el gol de Julito en el segundo partido para ganar 2 a 1. Debió ser un juego difícil, porque dice Eve que hubo cabes, caídas, empujones y casi, casi, pelea limpia entre los jugadores. Todo un mate de risa, para los papás que uniformados engrosaban la barra oficial, compuesta por las mamás. Y yo no estaba.

Valentina, mi Valentina querida también jugó. Pero aquí hubo un contratiempo y a última hora se apareció otra DT, que hizo equipo sin conocer a las jugadoras, y en el que mi hija no era titular. Todo por el carácter de Valentina, que miraba para otro lado cuando preguntaban quiénes jugaban de titulares. Ah no, pero Eve tampoco se iba a quedar quieta y me contó que fue a colocarse detrás de la técnico, y como pulga en la oreja insistía que entrara Vale, hasta que entró:

- Papá, en el segundo set íbamos 6 a 0; nosotras 0. Pero al final ganamos.
- ¿Y por qué se dejaron adelantar 6 a 0?
- Eso no es importante, lo importante es que ganamos. Eso se llama voltear un partido, ¿sabías?
- No, no sabía.
- Sí, es cuando vas perdiendo y acabas ganando; y nosotros lo volteamos.

Y así, tratando de imaginar cómo ha sido este domingo familiar y deportivo, me ha embargado la tristeza. Porque debiendo estar, no estaba.


sábado, 29 de septiembre de 2012

Chica explosiva


Esta chica es una bomba. Me rindo, me rindo, mi corazón es todo tuyo.


martes, 4 de septiembre de 2012

Sueño


Mientras almorzábamos Eve me contaba:

- Yo estaba durmiendo con la Vale y sentía que se me pegaba, y me despierto y total su ropita se había alzado y su espalda estaba fría.

Y Vale, antes que yo conteste adelantó un comentario:

- Con razón estaba soñado que era un gato y que no tenía pelo en mi lomo.

domingo, 18 de diciembre de 2011

La fiesta de graduación

¿Graduación? ¿Del nido? Pero si sólo pasa de inicial a primer grado. Cosas como estas pensaba yo desde casi inicios de este año, cuando se discutía la formación de comisiones de mamás (del cual Eve resultó Presidenta) y programa de actividades para la promoción del salón de Valentina. En el camino hubo parrilladas, rifas, sorteos, bingos, venta de gaseosas y demás. Yo insistía a Eve que mejor pusiera el dinero que le tocara y listo; pero ella decía que mejor era participar.

Por fin, la semana pasada era la última de actividades. Hasta último momento Eve estaba preocupada; que el local tenía malos antecedentes, que los anuarios no estaban listos, que los arreglos finales, etc., etc. Yo tuve poca participación en estas actividades, por no decir ninguna. Como mucho las acompañé a conversar con el dueño del local a exigir garantías para que la ceremonia empezara a tiempo y saliera bien.

El jueves 15 de diciembre, por fin la fiesta. Yo había apurado las cosas del trabajo para salir justo a tiempo, llegar a la casa a las seis o poco antes, cambiarme y salir al local. La ceremonia comenzaba a las siete. Pero Eve me llamó y me pidió que fuera al centro de Lima a reclamar los anuarios. ¡Al centro de Lima!, ¡en diciembre! En fin, sin chistar fui. Los anuarios no estaban y la vendedora tampoco. Llegaba con retraso a la casa, Eve me llamaba porque estaba sobre la hora, ya ni me cambié porque las recogí en la esquina y el mismo taxi que me llevaba nos trasladó al local de la fiesta. Encima nos perdimos en el camino, y llegamos cuando ya todos estaban formados y vestidos con togas. Cuando llamaron a Vale, no estaba entogada, pero su entrada igual estuvo linda.

Pero todo salió mucho mejor de los esperado por la propia Eve. Al final se acomodé en la mesa de honor porque estaba incompleta. Bailé el vals de honor con mi hijita, ella estaba preciosa con su vestido rosado (o una tonalidad de rosado, no sé, para mí es rosado). Al final del vals, en la apoteosis, digamos, levanté en brazos a Valentina y bailé con ella así cargada, girando y girando mientras le llenaba de besos la mejilla. Era dificultoso tenerla en brazos debido al vestido (tenía can-can, o algo así: una especie de armazón de plástico que me impedía sujetar sus piernas). Igual, fue el mejor vals de los pocos que bailé en mi vida.

Tal vez en ese momento me di cuenta de que hasta ese momento, todo había sido para Valentina comenzar cosas. Esa noche ya no comenzaba nada, terminaba una pequeña corta etapa. Por primera vez se iba a separar de sus amigos, de sus primeros amigos; quién sabe cuándo les volverá a ver. Pero ella no era consciente de eso, estaba entretenida bailando y corriendo, saltando y cantando, gozando el show de un payaso muy ameno, disfrutando una noche sin saber que era el colofón de todo lo que conoce y quiere en este momento, en cuando a sus amigos se refiere. Pero, repito, no era consciente de eso, no lo es hasta ahora y a lo mejor ni se da cuenta, quizá el lunes cuando ya no vaya al nido..., pero yo pensaba en ello, y me daba una especie de nostalgia que no sé explicar.

Luego del show del payaso comenzó el baile y la hora loca. Eve dio rienda suelta a sus ganas de bailar y yo estaba de pie en la ventana, donde el aire fresco amainaba el calor endemoniado que sentía. Aunque Eve me llamaba a bailar, yo prefería estar en la ventana. Cosa de gustos, supongo. A las once de la noche yo ya insistía en retirarnos; estaría buena la fiesta, pero Vale ya se dormía, la noche es peligrosa y había que trabajar al día siguiente. Regresamos a casa, las dos damas (Eve y Vale) hechas una furia, pero para despedidas basta con poco. No se necesita mucho para decir adiós, ¿cierto hija?

jueves, 22 de septiembre de 2011

Buscando colegio

Yo sabía que este día llegaría, Vale, solo que no imaginé que sería tan pronto. Es más, cuando comencé a pensar que un día irías al primer grado tampoco imaginé que no irías sola, sino con un hermanito, no había imaginado un hermanito. Ahora estoy bregando por una vacante en una escuela que me gusta mucho y tiene que ser para los dos, para que vayan juntos, para que se vean un ratito en el recreo, al menos durante las primeras semanas. Sí, Julito, tú eres el hermanito.

Mañana es la prueba de ingreso, por eso tienen que dormir temprano, yo no dudo del resultado, pero tengo un ligero temor de que no entren al final..., no me hagan caso, hijos, yo siempre soy pesimista, igual tenemos un plan B. Ahora duerme hijita. Tú también Julito, mañana va a ser un día largo y ocupado.
- ¿Papito, me haces masajitos para dormir? -dice Vale.
- Sí mi amor.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Contra el olvido

He estado hojeando un libro de psicología y leí que a partir de los seis años, más o menos, el cerebro empieza a almacenar las vivencias, emociones, imágenes o lo que sea que tenga importancia o impacto en uno, aquello que guardará toda la vida. Hasta entonces los recuerdos no tienen mucho tiempo de existencia porque el cerebro ocupa sus energías en otras cosas.

Inexplicablemente esto me ha producido gran pena.

¿No me van a recordar en su primea infancia? ¿No van a recordar cómo jugábamos, lo que decíamos? ¿No van a recordar al súper papá que todo puede? ¿Vas a olvidar, Vale, a tu príncipe y todos los valses que bailamos cuando eres la Bella Durmiente? ¿Vas a olvidar mis luchas contra los dragones para salvarte? ¿Y tú, Julito, vas a dejar ir al señor Smee?, ¿Me vas a dejar de decir "Silencio, Smee, el Capitán Garfio no necesita ayuda"? Sí, sí, a todo sí.

No hay forma de evitarlo, y mis torpes intentos, hijos, de guardar sus anécdotas, sus sonrisas, sus pequeños logros se ven torpedeados por esta certeza. Pero tampoco hay victoria sin lucha. ¿Olvidarán sus primeros años? Sí. Pero ahí he de acudir yo a leerles estas pocas líneas para revivir los días más felices de nuestras vidas.

jueves, 1 de septiembre de 2011

No falta nada más

El otro día decidimos hacer una 'piyamada' al estilo de Valentina, es decir, leer muchos cuentos y dormir todos juntos. Para ello unimos dos camas y así tenemos una grande en la que cabemos los cuatro. La idea es dormir a los chicos y luego pasar un rato más despiertos; sólo que yo no resisto mucho tiempo acostado y siempre me duermo pronto. Eve tarda más en conciliar el sueño, de modo que ahora también quedó despierta.

A la mañana siguiente ella me dijo: "ayer cuando entré y los vi dormidos a los tres sentí una paz, una tranquilidad... Me dije que todo está bien, que no falta nada más."

sábado, 18 de junio de 2011

Y luego porqué me duele la espalda...

Yo soy dado a los juegos físicos con mis hijos. Desde muy pequeños me ha gustado lanzarles, darles vueltas, correr con ellos a mis espaldas, ponerles de cabeza, y mil acrobacias más. De los dos, Valentina es la juega más así; Julito, en cambio, no. A él le gusta dar las vueltas despacito, no le gusta estar de cabeza, ni las volteretas, ni nada. Pero hay una cosa que le encanta: subirse a mi espalda y estar ahí colgado.

Apenas me ve llegar me dice "quiero subir a tu espanda" o "¿qué te parece si subo a tu espanda?". Y yo: ¿quieres subir? Sube pues.

Sin embargo, ya no son tan pequeños. Vale pesa 19 kilos y Julito, 16. Hay cosas que ya no es seguro hacer, otras, que sencillamente no se pueden; pero todavía quedan otras, como el helicóptero, es decir, cada uno de mis hijos colgado en uno de mis brazos mientras yo giro hasta que se mareen, pero se torna cada vez más difícil, vamos, que cada vez son más vueltas las que se necesitan para satisfacerles, pero es menor el tiempo que un solo brazo puede sostener a cada uno suspendido en el aire. Entonces me queda el recurso de hacer que los dos se suban a mi espalda, y correr haciendo "putún, putún", hasta que pidan chepa, como se ve en la foto (y se ve cómo toma cada uno el juego: Vale disfrutando, Julito cerrando los ojos hasta que acabe y yo, con una cara de serio que refleja el esfuerzo).


Y esto a pesar de que el médico me prohibió cargar siquiera a uno, por la lumbalgia que cada cierto tiempo me tortura. ¿Pero me puedo negar?